La adolescencia es un periodo vital emocionante y especialmente agitado en el que acontecen cambios importantes a nivel físico, social y psicológico, vertientes siempre conectadas entre sí.
En lo físico, la imagen corporal es importante para el adolescente. Descubre un nuevo cuerpo con el que puede sentirse extraño/a y generar inseguridad. En lo social, entra en un nuevo mundo de relaciones y posibilidades antes desconocidas que pueden ser gratificantes y/o fuente de conflictos. En lo psicológico, el adolescente suele sufrir una crisis de identidad («¿quién soy? ¿niño o adulto? ¿cuáles son mis referentes?») en la que todo lo que antes le servía ahora se tambalea, crisis cuyos efectos pueden ser muy diversos dependiendo de su subjetividad y del contexto familiar y social en el que se desenvuelve.
Algunos adolescentes expresan sus crisis (personal, familiar y generacional) con actitudes y sentimientos que pueden llegar a ser conflictivos (violencia, depresión, sentimiento de vacío, actos arriesgados, adicciones, actitud exhibicionista, abandono de sus responsabilidades, desafío a la autoridad…). Otros adolescentes, por el contrario, se resisten a abandonar el niño que fueron, mostrando actitudes regresivas (excesiva dependencia de los padres, dificultades para socializar, miedos, inseguridad excesiva…). La mayoría presentan una mezcla de ambos tipos de actitudes.
En mi trabajo asesoro a los padres para que entiendan los motivos de lo que le está sucediendo a su hijo/a y adquieran algunas herramientas para manejar mejor la situación en casa. Pero mi labor se centra, principalmente, en ayudar al/la propio/a adolescente, en acompañarle en su proceso con confianza y respeto, disminuir el conflicto y sus manifestaciones, ayudarle a reconducir el rumbo y preparar el terreno para su futuro paso a la edad adulta (aceptación de responsabilidades, autocontrol, respeto, compromiso y autonomía madura) con seguridad.
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